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LA RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL

Sergio García Guzmán ®

 

"Ves, pero no observas"

- Arthur Conan Doyle (Aventuras de Sherlock Holmes)

La labor vital de cada individuo, independientemente de cualquier otra consideración, es crecer y madurar. Pero esta ardua labor tiene muchos obstáculos, porque los defectos de carácter están tan acendrados en nosotros que no siempre los podemos ver.

    En muchas ocasiones tomamos como natural lo que en realidad es un defecto   más, y lo dejamos pasar como si fuera parte de nosotros, en vez de reconocer que es algo defectuoso que debe ser modificado. O creemos que algo “que todo mundo hace” es correcto de por sí, sin reflexionar atentamente en ello, con lo que nos dejamos llevar por la “mayoría”. O bien criticamos despiadadamente las fallas de los demás, sin ver que esos problemas que tanto señalamos son también nuestros.

    Esto último, que el Maestro definió como “ver la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio” es universal. Ocurre en familias, individuos, sociedades, gobiernos y países. Porque lo que denominamos “defectos” no es una falla genética o espiritual o metafísica: la imperfección realmente está compuesta por multitud de defectos concretos que se manifiestan en la vida cotidiana, en todos los aspectos de la vida común y corriente.

    Nos alarmamos porque el Congreso legisla “al vapor” una reforma hacendaria, aprobando todo a última hora, durante la madrugada del primer día del año. La irresponsabilidad de los legisladores nos parece y nos seguirá pareciendo increíble... hasta que entendamos claramente que esos legisladores no son marcianos ni llegaron de otro planeta a gobernar, sino que son simples coterráneos que estuvieron sometidos a la misma cultura de impuntualidad e informalidad que el resto de nosotros... por eso, podemos ver filas interminables de automovilistas frente a verificentros en el último día, o gente pagando sus impuestos a última hora, o taxistas renovando placas, o ciudadanos pagando tenencia o agua o luz o teléfono o lo que sea, en el último minuto posible... lo que le pasa a los legisladores es un reflejo de la cultura de esta sociedad, ni más ni menos... ese problema de todos por igual, pero casi nadie quiere verlo...

    Todo mundo se queja de la contaminación. La avalancha de información diaria nos hace creer que “contaminación” es destruir la capa de ozono, talar bosques, secar lagos, calentar la atmósfera o derretir glaciales... pero no somos capaces de ver que “contaminación” también es tirar basura en la vía pública, dejar que el automóvil propio tire aceite o tocar el claxon a toda hora...

     La sociedad se escandaliza porque ocupamos uno de los últimos lugares en lectura (de libros) a nivel mundial. Nos preguntamos por qué y decimos inmediatamente que la culpa es del gobierno porque no fomenta la lectura en las escuelas, porque la hace una materia aburridísima y provoca que todos los niños terminan despreciándola... pero no nos preguntamos cuántos de nosotros leemos cotidianamente, cuántos enseñamos a familiares o hijos o niños pequeños cuál es el valor de la lectura... o nos quejamos del precio de los libros, pero nunca acudimos a bibliotecas públicas... o pasamos todo nuestro tiempo libre viendo deportes en la  televisión, y luego nos preguntamos por qué nadie lee libros... Insistimos en querer ver la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio.

    Los periodistas denuncian acremente cuando un gobernante se brinca la ley y viola algún reglamento o aún la misma Constitución... pero nunca se habla de los miles de ciudadanos anónimos que se estacionan en lugares prohibidos, que se pasan altos, circulan a exceso de velocidad o en sentido contrario... de eso nadie se acuerda, aunque está ahí, a la vista de todos...

     Denunciamos la mala calidad de la educación pública. Culpamos (otra vez) al gobierno, a la crisis económica, a los sindicatos, a los profesores que pasan más tiempo en manifestaciones y bloqueos que dando clases... responsabilizamos a todos los que podemos, pero no nos ocupamos de nuestros hijos estudiantes, ni damos seguimiento a su desempeño, ni hablamos con sus profesores, ni les damos buenos libros ni nos preocupamos por su educación... nos quejamos, pero no hacemos nada positivo...

     Hablamos y hablamos y hablamos de democracia, sin saber exactamente qué significa. Sospechamos vagamente que “democracia” es lo opuesto a “totalitarismo” o “autoritarismo” o “tiranía”. Así pues, exigimos “democracia” a nuestros gobernantes y a nuestros jefes... nunca nos preguntamos qué tan “totalitarios” somos con nuestras esposas o con nuestros hijos o con nuestros subordinados... lo criticamos en otros, pero no lo vemos en nosotros mismos...

     Estamos de acuerdo con el movimiento de “liberación femenina”. Pregonamos libremente que las mujeres deben tener más oportunidades laborales, mayor acceso a la educación, mejores empleos, mejores sueldos, atención médica especializada, etc. etc. etc...  pero las discriminamos en los trabajos, les pagamos menos que a los hombres, no las consideramos suficientemente preparadas y dudamos de su buen juicio y criterio. Secretamente, por debajo del hombro, nos reímos porque no pueden cambiar una llanta ni enfrentarse a una araña... somos víctimas de mil y un prejuicios sociales...

     Entonces, antes de intentar salvar la capa de ozono, de leer más que ningún otro país, de ser la primera potencia mundial... antes de todas esas grandes metas, debemos empezar por nosotros mismos. Es de una ingenuidad atroz creer que se pueden atacar los grandes problemas sin antes pasar por los pequeños. No se debe pensar globalmente, sino que hay que empezar a pequeña escala.

 Porque lo primero es mejorarse a sí mismo. Luego vendrá todo lo demás.

 Es cuanto.


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