Make your own free website on Tripod.com

PERSONAJE DE CARICATURA

Antonio Jáquez ®

 

Lo que al líder sindical Fidel Velázquez le llevó varias décadas, el presidente Vicente Fox lo ha conseguido en unos cuantos meses de gobierno: ser uno de los políticos más caricaturizados en la historia del país.Libres, despiadados, los moneros de los periódicos mexicanos no dejan pasar una:

Naranjo dibuja al presidente, en el cartón "Las epístolas", vestido de novio al tiempo que, las manos por delante, instruye: "Nada de Melchor Ocampo, yo quiero una de José Alfredo Jiménez". O se lo imagina vestido de torero, con una toalla valuada en 4 mil pesos que hace las veces de capote.

Helio Flores, en el cartón "Los ladridos", traza a Fox como un Quijote que cabalga al lado de su Sancho Panza —en un dibujo que evoca al canciller Jorge G. Castañeda—, mientras a su paso alguien pregunta: "¿No serán El Croquetas y El Firuláis?".

En el cartón "El gran prometedor", Magú dibuja al presidente de medio cuerpo (como suele hacerlo), lo mismo que a la dama que lo acompaña, con un texto que dice: "Pues sí, a Martita ya le cumplió... ¿y a nosotros cuando?".

Hernández de plano ve a Fox como un perro bajo el control de un banquero que representa al BM, que le dice a un colega del FMI: "Ladra mucho y la caga a cada rato, pero es señal de que estamos avanzando". El cartón se llama "Amores perros".

El deporte de Fox

La culpa es de Fox, coinciden los moneros entrevistados por Proceso: el presidente es un personaje de caricatura, lo mismo por su estilo ranchero que por sus frecuentes deslices. Es casi redundante caricaturizar a Fox, sentencian, pues "el presidente es de caricatura".

Por voluntad propia, afirma Naranjo, Fox se ha convertido "en un personaje de historieta que hace reír a todo mundo, porque ni siquiera provoca enojo cuando dice que le ladran. No creo que la gente llegue a sentirse ofendida por eso, pero es muy impropio de un presidente referirse a sus críticos como si fueran perros. Además, si usa ese lenguaje se arriesga a que le respondan en el mismo tono".

—¿Usted cree que se ha vuelto un deporte nacional tirarle a Fox, como dijo el presidente del PAN, Luis Felipe Bravo? —se le pregunta a Naranjo, caricaturista de Proceso y El Universal.
—Desde luego que no. No es un deporte ni una moda ni una ocurrencia, es un ejercicio pleno de la crítica a que tenemos derecho. Lo que sí podemos decir es que este sexenio se ha respetado nuestro trabajo, como también se respetó durante el sexenio de Zedillo. Esto no es mérito del gobierno, en todo caso es mérito de los propios caricaturistas el tratar de ensanchar los límites de la libertad de expresión.
—¿Percibe una mayor agresividad de los moneros hacia Fox que hacia los presidentes priistas?
—No. Lo que pasa es que hay presidentes que se prestan y hay otros que no. En el caso de Salinas, por la censura que existió durante su sexenio, la gente se desfogó hasta el final, las críticas surgieron cuando él ya se iba. Con Zedillo, a pesar de que fue muy medido, hubo muestras muy claras de descontento.

"Lo que pasa es que Fox facilita nuestro trabajo, con su temperamento y figura ridícula de ranchero dicharachero y dice tantas estupideces, porque suelta la lengua sin ningún freno. Entonces, al pueblo en general, y no solamente a los caricaturistas, da mucho de qué hablar."

Helio Flores, monero de El Universal, cree también que la mayor libertad que tienen hoy los caricaturistas no se debe al gobierno: "Yo no diría que a Fox le gusta nuestro trabajo, estoy seguro de que le molesta y que haría todo lo posible por evitarlo, de una manera o de otra. Si hay más libertad es el resultado del trabajo de los caricaturistas, de la prensa en general y de los lectores, que ya no se dejan engañar, no se van con la finta de una prensa que diga cosas que el lector no está viendo en la realidad".

Afirma que si los moneros se ocupan tanto de Fox es porque "el personaje da motivo, a la mejor si fuera un presidente más discreto, si actuara de manera diferente, no sería objeto de los trabajos de los caricaturistas casi a diario. Pero parece que es el mismo Fox el que nos invita a que lo tomemos como personaje. Por lo visto, su deporte favorito es contradecirse, equivocarse y, a veces, hasta hacer reír".

Es también una cuestión de oficio político, comenta El Fisgón, monero de La Jornada:

En los gobiernos priistas, "el presidente se cuidaba más y declaraba menos; a pesar de todas sus barrabasadas, los priistas tenían oficio político. Cuando empezó el período foxista, los moneros estábamos preocupados porque nos preguntábamos: ahora de quién nos vamos a burlar. Pero resulta que este régimen viene completito y copeteado, viene muy mejorado, con decir que Zedillo se quedó corto".

—Y Zedillo llegó lejos, ¿no?
—Sí, pobre, era un poco más deslenguado que Salinas. Pero Fox parece que se siente obligado a declarar diariamente, y de repente, incluso, te da temas a escoger. Ahora, por ejemplo, apenas acababa de decir esta cosa maravillosa de que nos pedía a los mexicanos que rezáramos por la economía norteamericana, cuando ya había hecho lo del decreto para la Ley Eléctrica con el que se brincó al Congreso.

La figura del presidente "es un regalo para los caricaturistas", dice Calderón, de Reforma y Cambio, uno de los contados moneros que le tiene simpatía a Fox. Recuerda que en la era priista había "políticos tan grises como Alfredo del Mazo, que uno tenía que ser un genio para sacarle el parecido o ponerle un letrerito que dijera 'este es Alfredo del Mazo'. En cambio, políticos como Salinas, como Cárdenas, como Fox, tienen rasgos faciales muy identificables, además de que en el caso del presidente hay prendas como las botas y la hebilla".

—¿La riega tanto Fox como lo creen la mayoría de los caricaturistas?
—No lo veo así, pero sí creo que este señor se ha sobrexpuesto. De hecho, la caricatura de Magú "Un día sin Fox" es muy sintomática. Llega un momento en que por más que te ayude este señor a sacar caricaturas y se ponga de moda y todo eso, el caricaturista dice: "Ya me cansé de pegarle a este cuate...". O sea, por más mal que te caiga el presidente, llega un momento en que te cansas de pegarle.

Por otro lado, señala Calderón, "el presidente no es el favorito de la prensa, pero eso no necesariamente refleja a la opinión pública. También la prensa está muy cuestionada, mucha gente dice que los medios tienen una agenda particular que no necesariamente es la de la ciudadanía, cosa que, entre paréntesis, se ve en todos los países. Se está dando un reacomodo, un recalentamiento de las pasiones, y, cosa curiosa, mientras hay más libertad se tiende a ser más intolerante".

Compara el caso de México al de la Unión Soviética tras la caída de Gorbachov: "Todo lo que vivieron ellos lo estamos viviendo ahorita. Se hablaba mucho de que los periódicos estaban desatados, que había una irresponsabilidad total, que las fuerzas políticas lo único que hacían era entorpecerse unas a otras y que las mafias dominaban todo, y dices: ¡puta!, pues lo ves acá y es casi casi igualito. Y no tendría que ser de otra manera cuando no tenemos una tradición democrática, ni siquiera débil".

Presente en una muestra reciente en Puebla de los mejores caricaturistas del país, Magú tuvo de pronto la impresión, al ver el conjunto de los cartones, que México está gobernado por un presidente "contrario al sentir nacional, al sentir social. Alguien no muy enterado de las tendencias políticas de los moneros, pensaría luego de un vistazo a esos cartones que al frente del país está un presidente detestable y muy deteriorado. De lo que no hay duda es que Fox es un presidente que está siempre dando la cara, tiene una actitud muy echada para adelante".

El monero de La Jornada platica que se las ha ingeniado para no hacer cotidianamente a Fox: "Le di primero una tregua. Luego resultó imposible que no me ocupara de él, hasta que me di cuenta de que estaba cayendo en lo obvio, que tenía que buscar otros temas para poder distraerme yo mismo de Fox, además de que ahora todo mundo puede criticar al presidente, ya no es ningún atrevimiento caricaturizarlo, como lo era en tiempos de Salinas".

Recuerda que Abel Quezada decía que los caricaturistas tenían que explorar todas las posibilidades de la crítica, "por una razón sencilla, para no desgastarnos frente a los lectores, porque pudiera ser que si nosotros buscáramos siempre estar criticando las acciones del presidente, el día que bajáramos a criticar al policía de la esquina dudarían de nuestra honestidad, pensarían que ya nos vendimos porque ya no estamos criticando las alturas del poder".

Por eso, dice, él trata de ocuparse no sólo de la figura presidencial, "no podemos estar siempre pensando que toda la responsabilidad es nada más del presidente, hay muchas acciones que se dan sin que el presidente se entere y uno tiene que sacar a los personajes que cometen errores o disparates, aunque sean menores".

Como un perro

¿Es buena una caricatura sólo por ser agresiva? ¿Se vale todo para ridiculizar al presidente, incluso dibujarlo como perro y decir que "la caga", como lo hizo Hernández?

Naranjo: "No tienes que ser agresivo. Aprendí de Proceso que hacer una buena caricatura no quiere decir mentarle la madre al gobierno, porque se acaba la posibilidad de un diálogo de altura. El caricaturista debe ser agresivo hasta cierto punto, pero lo que importa es el ingenio para reflejar situaciones".

Pionero en la ridiculización de los presidentes contemporáneos, Naranjo sostiene que la caricatura no debe tener límites: "Hay cosas que pueden caer en la grosería y en el mal gusto y esa no es la fuerza de la caricatura. Y no estoy criticando a Hernández, me gusta su trabajo, pero si alguien hace ese tipo de cosas será bajo su propia responsabilidad. En todo caso, prefiero a alguien que se excede a alguien que se queda corto".

Helio Flores: "Una buena caricatura no sólo debe ser crítica, porque si no cualquiera podría ser caricaturista y más aquí en México... Debe estar resuelta de una manera ingeniosa y hacer pensar al lector. No he visto esa caricatura de Hernández, pero sí me parece un exceso. Cada caricaturista tiene su manera de trabajar, a mí en lo particular no me agrada utilizar el recurso de dibujar a un personaje como perro o vestido de mujer o ese tipo de cosas".

Magú: "El riesgo de ocuparte demasiado de un personaje es que te puedes desgastar. Desde hace rato hay unos cartones que sólo muestran el enojo del caricaturista, la reiteración cotidiana de que es enemigo de Fox y que basta con decirle al público que eres opositor. Pues no, aunque estemos muy enojados, lo que tenemos que procurar es que nuestro trabajo tenga un valor artístico, un valor cultural".

El Fisgón: "El que corre el riesgo de desgastarse es el presidente, no nosotros. Estamos frente a una figura que sigue una política económica claramente antipopular y que tiene contradicciones flagrantes. Se propuso como gobierno del cambio y representa en realidad la continuidad del proyecto neoliberal. El régimen neoliberal está intacto y fortalecido, lo que quiere decir que está intacto y fortalecido lo peor del priismo. Así que no podemos dejar de hacerle caricaturas a un gobierno que agrede tanto a la ciudadanía".

Calderón: "Cada caricaturista tiene su forma de ver las cosas y de expresar su humor. No voy a juzgar el trabajo de los colegas. No hay reglas para la caricatura. Cada caricatura tiene que satisfacer al caricaturista y éste publica su trabajo y a ver cuántos comparten su visión. No soy de los que piensan que debe haber un estilo de corrección de caricatura o lo que tiene que ser una buena caricatura o una mala. Tiene que haber muchos tipos de caricatura y el público es el que elige".

Respecto de los cartones sobre Fox, Calderón, a quien se considera conservador, cree que más que expresar un ánimo colectivo muestran la posición política o ideológica de los moneros:

"Antes, el problema de la caricatura en México era la corrupción. Ahora el problema es la politización, el adoptar una bandera ideológica, porque finalmente el resultado es el mismo: estos son los buenos y los otros son los malos. Una caricatura más moderna debería pegarle igual a tirios y a troyanos, a los de izquierda y a los de derecha, porque ambos son muy fácilmente ridiculizables."

Tomar partido

Hernández, colaborador del diario y la revista Milenio, disiente:
"De entrada, estoy en contra de la objetividad y de la imparcialidad en la caricatura. No entiendo que pueda existir. No sólo no lo entiendo, sino que hasta me cae mal. No se vale meter a todos en el mismo saco y burlarse lo mismo de Fox que de López Obrador, de Rosario Robles que de Óscar Espinosa. Para mí no son lo mismo, así que no puedo tratar igual a gente que es distinta."

—Pero Fox no es el único que se equivoca...
—Fox siempre está delante de nosotros, por más que uno quiera ganarle con una ocurrencia absurda. Él ha llevado la figura presidencial a niveles bajísimos.
—¿No siente que se le pasó la mano, en particular con la famosa caricatura del perro?
—No lo creo. No entiendo por qué el presidente puede insultar a sus críticos, por qué puede decirnos perros y nosotros no podemos hacer algo similar. Además, la caricatura es un género de excesos. No se puede entender la caricatura, y mucho menos la caricatura política, sin la exageración, sin la ridiculización. La palabra caricatura viene de cargar... Pero yo no creo que me haya excedido, ¿o sí?
—Bueno, no se midió...
—El que no se mide es Fox, finalmente nosotros no inventamos las cosas, nos basamos en lo que está. Si Fox no fuera presidente, me encantaría como personaje. Lo malo es que es el presidente y que se comporta como en la campaña, cuando insultó a los otros candidatos e hizo señas obscenas.

A pregunta expresa, Hernández dice que el trabajo actual de los moneros sí expresa cierto ánimo colectivo: "Siempre he sentido el oficio del monero como un traductor de la indignación de la gente. Y veo que hay un desencanto, eso es evidente".

En cambio, El Fisgón cree que "nuestro trabajo no consiste en reflejar el sentir de la opinión pública. Consiste, básicamente, en expresar nuestra opinión personal, aunque vaya en contra de la opinión pública. Lo que hace nuestro trabajo es exhibir ante la opinión pública las contradicciones, la mentira, la crueldad de este régimen".

Y remata: "Es lógico que tengamos nuestras filias y nuestras fobias. Alejandro Gómez Arias decía que él tomaba partido hasta cuando veía dos perros peleándose. Y generalmente yo tomo partido por el perro más flaco, así que no creo en la imparcialidad".

 

Tomado de la Revista Proceso


volver_md_wht.gif (5904 bytes) Volver a la página principal | Volver a la sección de política