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CUANDO SE SABE QUE LA VIDA NO ES ETERNA

Rodian Rangel ®

y para ti, vibrante utopía de mi corazón

(...) el mundo se traiciona por las apariencias, que son las huellas de su inexistencia, las huellas de la continuidad de la nada, ya que la propia nada, la continuidad de la nada, deja huellas. Y así es como el mundo traiciona su secreto. Así es como se deja presentir, ocultándose detrás de las apariencias (...)

- Jean Baudrillard

Caminar entre mundos y realidades distantes es hoy nuestro andar. Creer en mi, en él, en nosotros, estar en movimiento con los demás y consigo mismo son hoy actos irreales. Observar como avanza nuestra sociedad, ante nuestro deterioro social, la miseria, la degradación humana: solo hay  una palabra definitoria: basura.  Sí, la basura en que nos hemos convertido los seres racionales.

        La política hoy parece simplemente un estuche de cómo ir deshaciendo vidas; no creamos consensos, jugamos a la democracia, simulamos bienestar,  hombres y mujeres nos atacamos por esos huesos de poder tangibles y a la vez coercitivos. Y también efímeros; fugaces paraísos de poder, magnificados por los mass media, convertidos en tema de locutores y  telenoticiarios. Ladramos alto por nuestras causas, pero las de nuestros colegas o compañeros hacemos como si nada pasara. Somos los reyes del ninguneo: “si no estás conmigo, si no piensas como yo, estás contra mí”, he ahí la consigna de un chingo de  redentores, revolucionarios y mesiánicos tripulantes de un siglo que termina a rastras. Cristales microscópicos tras la vista de nuestros sentimientos son ilocalizables. Nunca podemos quitarnos los embrujos de nuestra sociedad postmoderna. Ya somos hoy una falsa “generation X ”. Perdidos y falsarios.  Buscarnos en tiempos pasados, no es más que hacernos los locos de nuestra realidad. Falsificamos la  historia, nos falsificamos unos a otros. Amamos, o simulamos ésto. Amar lo han definido como un monstruo de dos cabezas, amar u odiar, simplemente verbos en infinitivo, es decir, congelados, acciones virtuales, no conjugadas, o  compartidas a madrazos, a hurtadillas, o con los dedos y la lengua tatuados de mentiras; amar u odiar, a lo lejos, con cautela, haciéndole fintas a los bajes, a las  insidias, a las intrigas: ¿ no ves, carnal, que todo se chinga desde el interior de nosotros mismos?

        Cuando se sabe que la vida no es eterna entendemos la necesidad de vivir para sobrevivir, simplemente para entender la fachada de nuestra sociedad. Quisiéramos todos caminar y brincar sobre el nar, poder soñar con una sociedad perfecta, vivir en una utopía, entendernos a nosotros mismos. Sin embargo, it por ti, por ella y él, son hoy falsos debates; prevalece ese "yo voy por mí y tu no me importas; yo sobresalgo ante todos porque soy el mejor": el egocentrismo en su apogeo. Ridículos protagonistas de una revolución bufa, de una democracia tísica.

       Cuando se sabe que la vida no es eterna, en la política se hace importante la obtención de poder unipersonal y del crecimiento de los bienes materiales: prestigio y dinero, ya lo  vislumbraba el viejo Hegel tras su ventana y frente a su periódico. Trabajar por las generaciones futuras es el pretexto de nuestros políticos. Detrás del pretexto, tras las apariencias de  servidores públicos, los políticos van por lo suyo: dinero y poder. Con el dinero comprarán sueños ajenos, con el poder  vivirán vidas ajenas, aparenciales.  Vivir de y para la política no es más que la mezcla perfecta de sobrevivir tras irrealidades que van contra los sueños propios. Andar a gatas y aullar como lobos tras el poder no es más que despojar a la política  de su dignidad.

     Cuando ya sabemos que la vida no es eterna, vayamos por un verdadero cambio; no podemos seguir permitiendo la “X”, porque esa  X” del oprobio ético e intelectual nos ha sido impuesta, no es un producto conceptual nuestro, pertenece a otra realidad, a otros que no somos los jóvenes; además, ya somos presente de nuestra sociedad. Somos un presente en movimiento y a la vez un futuro que se avizora, vibra cerca,  muy cerca, en la próxima esquina de la historia. El aura de un nuevo milenio nos convoca a desacralizar todas estas formas de hacer política y de vivir, cambiar no únicamente maneras de pensar y de actuar, sino la formación de las generaciones venideras. Formación que permita revitalizar, releer, reinventar y enaltecer la libertad; la libertad de vivir en un mundo en el cual no sea necesario desgarrarnos más las pieles. Volver a encontrarnos, juntar   nuestras múltiples imágenes, encarar todas nuestras máscaras, reivindicar la vida con su calidez  de sol;  seamos la noche y el día, la oscuridad y lo lumínico, la delicia y la fiebre, el edén y el averno, yo y tú, él y ellos y nosotros, todos los caleidoscopios, pero no  la “generation X” , no un producto de los mass media,   no cibernautas del vacío: pausa, profunda aspiración, que no sea necesario desgarrarnos  más las pieles, antes de que nos olviden...


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