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PENSAMIENTO ESCÉPTICO

Y FALACIAS LÓGICAS (SEXTA PARTE)

Sergio García Guzmán ®

 

“No es suficiente con tener una buena mente; lo principal es usarla bien”.

- Descartes

¿Cómo se pueden identificar las falacias que otros emplean? ¿Cómo saber si nosotros mismos las estamos usando? 

Una forma de hacerlo es dudando de manera metódica. Dudando no por capricho o moda, sino buscando un conocimiento bien fundamentado. No podemos andar por la vida dudando de todo… pero sí podemos contar con ciertas pistas, que nos indiquen si un argumento dado podría contener una falacia. 

En este sexta y última parte, se tratarán de aportar algunas sugerencias o ideas que pueden ser útiles a este respecto. 

1. En las falacias ad-hóminem, donde se ataca la personalidad del contrario, en vez de argumentar racionalmente: 

·        No se debe mencionar a ninguna de las personas que intervienen, ni para bien ni para mal. No se debe exaltar, denigrar, ni mencionar virtudes, defectos, creencias o problemas personales, a menos que tengan relación directa con el asunto que se discute. Esto aplica a todas las partes involucradas. 

·        Siempre son preferibles los argumentos de personas imparciales y no involucradas ni directa ni emocionalmente en los temas que se discuten. Si esto no es posible, se debe poner especial atención en que las pasiones no dominen las argumentaciones.  

·        Hay una limitante fundamental: una característica humana es defender siempre los valores o ideales más profundos en los que se basa la propia vida, o la percepción de sí mismo, por lo que argumentar acerca de esos temas es casi imposible. Por eso es muy difícil hablar racionalmente de religión, por ejemplo, porque es un concepto íntimo y básico para muchas personas, que no puede ser puesto a discusión ni se puede negociar, ya que es intocable. Es complicado argumentar con seriedad acerca de ese tipo de temas. 

2. Falacias de distracción, cuando se pretende llevar la discusión a otro tema, desviando la atención del argumento central. 

·        Lo más importante es identificar el asunto que se va a tratar. Hay que hacer todo lo posible por ceñirse a ese tema y evitar argumentar sobre otras cosas que no tengan relación directa con esa idea central. Esto es difícil, porque cuando los argumentos se suceden unos a otros, se cambia constantemente de foco. Pero es indispensable tener siempre muy claro cuál es el punto toral, porque de lo contrario la discusión cae en un terreno marginal. 

·        En la argumentación seria, no cabe la democracia: la verdad no se decide por mayoría de votos. Todas las argumentaciones que estén sostenidas por pruebas y evidencias, deben ser examinadas, por más impopulares que sean. La “voz de la mayoría” o “el sentido común” no cuentan aquí… por ejemplo, una defensora de derechos humanos se puede suicidar. No es válido decir, a priori, que fue asesinada por tal o cual personaje, o decir tajantemente que tal o cual hipótesis es absurda, o creer ciegamente en una conspiración. Todas las hipótesis, sustentadas con pruebas, merecen ser tomadas en cuenta, aunque sean “políticamente incorrectas” o impopulares. Tal vez se demuestre que son falsas, pero lo importante es no descartarlas a priori, sin ninguna base racional. 

·        No se debe entrar a una discusión si no se sabe de qué se discute, ni tampoco si no se tiene suficiente información del tema. Si no hay conocimientos y evidencia detrás de una postura, esta no tiene relevancia.  

·        No se debe creer ciegamente en los “expertos”. Ni en los que se autoproclaman como tales, ni en los que, siendo desconocidos, son elevados a tal rango por otros. Es importante verificar los antecedentes y conocimientos de quien expresa un juicio.  

·        En la lógica, no importa lo que se opina ni lo que se cree, ni la autoridad ni el poder que se tiene, sino lo que se sabe y lo que se puede probar o demostrar con evidencias aceptables para todas las partes.  

·        No todo lo que está escrito es cierto.  

·        No todo lo publicado es serio o imparcial.  

·        Nadie tiene la última palabra de nada.  

·        Conocer el pasado, la historia, es útil para contar con antecedentes y ver cómo se ha comportado alguna cosa  en el tiempo. Pero no es válida la postura simplista de quien cree que la historia determina, que lo que ha pasado antes seguirá pasando siempre. Eso es inmovilismo, estancamiento y parálisis. 

3. Falacias de distorsión, cuando se deforma la tesis, hasta dejarla irreconocible 

4. Falacias de coherencia, en donde se comete el error de no aplicar la lógica más elemental y se desconectan las premisas de la conclusión. 

·        Hay que respetar la realidad, no tratando de imponerle nociones preconcebidas, ni tratando de ajustar los hechos a los gustos o creencias propias.  

·        Si la hipótesis no explica los hechos, hay que buscar otra, no manipular ni ocultar cifras, reportes, hechos o testimonios. Ninguna explicación tentativa se debe desechar a priori: todas se deben examinar críticamente. 

·        Si hay dos o más posibles explicaciones para algo, se debe elegir la más simple y sencilla. Entre más complicada sea una explicación o argumento, más puntos débiles puede tener y ser, por tanto, más vulnerable. 

·        Las premisas se tienen que combinar en la conclusión, generando nuevo conocimiento. Por tanto, no es válido llegar a una conclusión que sea igual a una premisa. Es decir: no se puede asumir que algo es cierto para luego tratar de demostrarlo.  

Además, hay que desconfiar de las argumentaciones complejas o llenas de palabras rimbombantes o rebuscadas. Normalmente, los argumentos más brillantes e inteligentes son los más simples y sencillos. Las capas y capas de rebuscamientos, enredos y palabrería, sirven para esconder sofismas. Una manera de descubrirlas es tomar la expresión e irla simplificando para “leer entre líneas”. 

Finalmente, hay que alejarse de aquellos que proclaman tener la “verdad” o el “camino” auténtico. No se debe creer en los que ofrecen soluciones mágicas e instantáneas. Las metas que realmente valen la pena se alcanzan después de mucho, mucho esfuerzo y dedicación. 

Alcanzar el verdadero conocimiento es labor de toda una vida… y para eso no hay atajos.

 

Es cuanto.


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